Martes, 13 de septiembre de 2005
El planeta rojo, así llamado por el color del suelo (apreciable hasta a simple vista), es el primer planeta "exterior" a la órbita terrestre. Es pequeño y muy frío. Muchas de sus caracerísticas recuerdan a la Tierra: los casquetes polares cambian de aspecto al variar las estaciones, el suelo muestra huellas de ríos y de un antiguo vulcanismo. Desde la antigüedad se sospecha que alberga formas de vida.
Visto con un telescopio o con unos buenos prismáticos, Marte parece un disco pequeño de color rojizo. Por esa evidente coloración, desde la Antigüedad se le ha conocido como el planeta rojo. Es mucho más pequeño que la Tierra: su diámetro es aproximadamente la mitad. Quizá por ello no resulte muy adecuado para la observación, pues, a pesar de ser un planeta relativamente cercano, incluso en las mejores condiciones de observación no pueden distinguirse los detalles de la superficie. En realidad, sólo puede verse la sutil red de estructuras oscuras y regulares que Schiaparello describió en 1877: no se trata de canales construidos por seres vivos, como él intrepretó, sino de ilusiones ópticas producidas por turbulencias atmosféricas. De hecho, en Marte no se ha hallado ningún indicio de vida.
Marte siempre sha sido considerado muy similar a la Tierra: la duración del día es casi igual, puesto que el periodo de rotación marciano es sólo ligeramente más largo que el terrestre (aproximadamente, media hora). Además, dado que tanto en la Tierra como en Marte el plano ecuatorial del planeta está inclinado respecto al de la órbita unos 25º, las diferencias estacionales durante el año marciano son pocas.
Pero los parecidos concluyen aquí. Como sucedión con Venus, los datos compilados por las sondas subrayan enormes diferencias. Por ejemplo, su masa es sólo una décima parte de la terrestre y, por consiguiente, la gravedad es mucho menor; la temperatura oscila entre varias decenas de grados bajo cero y pocos grados positivos, con grandes excursiones térmicas diarias (de hasta 50 ºC entre la noche y el día). Parte de esas notables diferencias térmicas está originada por una atmósfera extremadamente rarefacta: unas 100 eces menos densa que la terrestre, incapaz de ejercer un efecto invernadero sensible aun estando formada principalmente por anhídrido carbónico.
Debido a las bajas temperaturas, en particular en los polos, este gas solidifica durante el invierno y se funde en verano. No es un verano cálido, porque la temperatura media oscila alrededor de los -68 ºC, pero ya es suficiente para reducir de forma evidente los casquetes polares.
Las notables diferencias térmicas generan auténticas "marcas atmosféricas", con corrientes mucho más fuertes que las de nuestro planeta Tierra. A pesar de su elevada rarefacción, la atmósfera marciana en movimiento provoca inmensas tormentas de arena que periódicamente envuelven a todo el planeta.
La superficie de Marte es desértica y está cubierta de polvo de óxido de hierro. El viento levanta ese polvo e imprime una coloración rojiza en toda la atmósfera, como muestran las fotografías enviadas a la Tierra por las sondas norteamericanas que aterrizaron en Marte.
Por: Linoge | El Universo | Comentarios (0) | Referencias (0)